Hoy esta newsletter tiene una destinataria especial entre todos ustedes: Katherine.
Esta mañana abrí YouTube y encontré un comentario suyo en mi video “Destacar es fácil”.
Me contó que me había conocido en un evento de la Red Alumni de la Universidad de Chile y mencionó a “la grandiosa Mildred, ayudando a la comunidad de ex alumnos”.
Este fue su comentario:
Apenas lo leí, tomé un pantallazo y se lo envié a Mildred.
Su reacción fue inmediata y me dijo: ¡Me emocioné!
Y yo también.
Katherine, ahora que sé que lees esta newsletter, quería contarte algo:
Tu comentario hizo que el día de dos personas comenzara con muchísima alegría.
No solamente porque dijiste algo bonito, sino porque nos permitiste ver el impacto de algo que hacemos y que muchas veces no alcanzamos a dimensionar.
Mildred pudo comprobar que alguien ve y valora la manera en que ayuda a su comunidad.
Y yo pude saber que un video al que dediqué tiempo, energía y trabajo había llegado realmente a una persona.
Porque, seamos honestos, cuando haces un video y tiene pocas visualizaciones es muy fácil pensar:
“¿Vale la pena seguir haciendo esto?”.
Lo mismo puede ocurrir cuando escribes una newsletter, preparas una charla gratuita, organizas un encuentro o compartes algo que consideras importante.
Las métricas te dicen cuántas personas llegaron. Pero un comentario te permite saber si lo que hiciste le sirvió a alguien.
Por eso creo que comentar es una de las acciones más infravaloradas.
Pensamos que es solamente una forma de “ayudar al algoritmo”, cuando en realidad puede significar:
“Te vi”.
“Esto que hiciste me sirvió”.
“Tu trabajo tiene valor”.
“Vale la pena que continúes”.
Además, gracias al video, Katherine descubrió algo sobre ella misma.
Se dio cuenta de que ya realizaba naturalmente varias de las acciones que menciono, especialmente comentar y compartir. Incluso se definió como una “compartidora compulsiva”.
Lo que quizás ella consideraba un gesto pequeño o cotidiano es precisamente parte de su manera de influir.
Y eso también me pareció hermoso.
A veces no necesitamos aprender algo completamente nuevo.
Necesitamos que alguien nos ayude a reconocer el valor de aquello que ya hacemos naturalmente.
Así que hoy quiero dejarte una invitación muy simple:
Si algo que una persona hizo te sirvió, díselo.
Si una publicación te hizo pensar, coméntala.
Si conoces a alguien que necesita leerla, compártela.
Si alguien está haciendo un buen trabajo, reconócelo.
No necesitas escribir algo extraordinario.
Un comentario puede cambiarle el día a una persona, devolverle sentido a su trabajo y hacerla pensar:
“¡Mierda, lo que hago vale la pena!”.
Emocionar es fácil.
Y cuando emocionas, te vuelves inolvidable.
VER EL VIDEO “DESTACAR ES FÁCIL”
Un abrazo
Gaby
P. D. Quizás tú también tienes experiencias, capacidades o gestos naturales cuyo valor todavía no alcanzas a reconocer. Te invito a que te agendes una sesión diagnóstico conmigo para que puedas realizar el Diagnóstico de Influencia para descubrir qué podría estar frenando hoy tus oportunidades y cuáles son las próximas tres acciones que deberías realizar.



